Me invitaron a un desayuno en el Colegio de Ingenieros Industriales de Catalunya. Tenía que proponer ideas para un debate. Acepté, sintiéndome honrado. Me pidieron un título y pensando siempre en el futuro se me ocurrió: "Los ingenieros del futuro". Yendo a China el otro día, con once horas de avión por delante, me dije: "Tendrás que concretar alguna idea". Inmediatamente pensé que el mundo nos ha estafado a los ingenieros. Yo ya he llegado al futuro. Tenía 16 años cuando decidí ser ingeniero. Pero de eso hace 48 años. Para aquel niño que quería ser ingeniero, yo soy un ingeniero del futuro. ¿Qué esperaba de la ingeniería aquel niño? Aquel niño estaba convencido de que si llegaba a los 60 años habría ido un montón de veces a la Luna. Que robots con aspecto humano harían todos los trabajos duros, repetitivos y de poco valor añadido. Ya con la carrera de ingeniero y aparejador acabadas y trabajando de ocho de la mañana a diez de la noche con una ilusión enorme y un sueldo menor, aquel muchacho esperaba que en el futuro los ordenadores gestionarían las empresas, que se iría a cualquier sitio por autopista, que los coches circularían con seguridad a 200 kilómetros por hora, que el tráfico urbano sería fluido porque sensores y ordenadores lo gestionarían.
Unos años más tarde, doctorado por Harvard, aquel joven fue invitado por un profesor de aquella universidad a ayudarle como esclavo en un asesoramiento a una empresa americana comprando una compañía francesa. La velocidad del proceso era importante y había que utilizar el Concorde. Por la mañana, negociación en París, a mediodía con el Concorde a Nueva York y con su velocidad supersónica y la diferencia horaria, llegabas a Nueva York tres horas antes de la hora a la que habías salido de París. Negociando toda la tarde y vuelta a París en un par de horas por la noche para seguir al día siguiente. Aquel joven estaba seguro de que si llegaba a los 60 años iría a Nueva York en 15 minutos y seguía convencido de que podría ir de vacaciones a la Luna. Ya se había encontrado petróleo en el fondo del mar, se hablaba de un túnel supersónico Londres-Nueva York, se preveía que entre la energía solar, la nuclear y lo que saldría del fondo del mar el coste de la energía sería poco importante.
Pero aquel niño, muchacho, joven, llegó a los 60 años y más, se convirtió en ingeniero del futuro y se encuentra con que no le puede decir al ordenador: "Orde, escribe un artículo para el domingo" porque el aparato ni se entera. Que en el tiempo en que iba a Nueva York, hoy no logra ni embarcar en el avión. Que a un matrimonio mayor que se les ve abuelos cariñosos los están torturando unos árabes que controlan la seguridad haciéndoles descalzarse, quitarse las joyas y aguantarse los pantalones con las manos. Que un señor amable, no un robot, recoge a mano las hojas caídas. Que los semáforos van cada uno a la suya. Que en coche cada día debe ir más despacio o, como cuando era niño, le quitan puntos. Que en la calle principal de su ciudad la propuesta de futuro será tranvía y bicicleta, la que siendo niño le explicó su abuelo. Y que nunca irá a la Luna. El ingeniero del futuro se siente estafado. ¿Qué les ofreceremos a los ingenieros del futuro que hoy empiezan a estudiar? O somos un poco ambiciosos o no se va a apuntar nadie.
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23/11/08
14/9/08
Pellizcando por Pedro Nueno
Pedro Nueno - Me tuve que pellizcar para estar seguro de que no soñaba por efecto del jet lag. Un colega de Harvard que trabaja bastante con el sector del automóvil me explicaba su última experiencia con Toyota Norteamérica en agosto. Todo el mundo puede equivocarse, hasta Toyota, y hay un par de modelos que le están yendo mal en Estados Unidos. Haciendo coches, si te falla un modelo es difícil sacarte otro de la manga. Un diseño nuevo es una inversión gordísima, involucra proveedores, lleva años de trabajo y hay que pensar en diferentes países o hasta continentes como mercado. Como los coches casi todo el mundo se los compra a crédito y en algunos países, no diré cuáles, los bancos están reduciendo el crédito a este sector de forma un tanto irresponsable, esto tampoco ayuda y lo que hace tres años habría sido un pinchazo en este momento es un reventón.
Bien, a los de Toyota no les ha quedado más remedio que reducir la producción de estos modelos y para ello van a parar dos fábricas durante tres meses, lo que afectará a 4.500 trabajadores. Estados Unidos está pensado para resolver los problemas con rapidez y, en estos casos, lo que hacen los empresarios, sobre todo los del automóvil, es despedir a un montón de gente, no pagarles durante el periodo que dure la crisis o aplicarles una reducción muy importante del salario durante dicho periodo. Pero Toyota ha decidido no despedir a nadie, seguir pagando el sueldo íntegro a todos y dedicar ese periodo a formarlos con la idea de que después de la crisis sean los trabajadores más productivos del mundo. Pero hete aquí que esto ha preocupado a los trabajadores de Toyota de otras fábricas norteamericanas que están yendo a tope. Temen quedarse atrás en materia de formación con respecto a sus colegas y ser menos productivos en el futuro. Dicen que si el día de mañana son menos productivos, la dirección les asignará menos modelos nuevos, o menos modelos difíciles y sus fábricas crecerán menos y se quedarán tecnológicamente atrasadas. ¿No se están pellizcando? Toyota está estudiando ahora cómo asegurar a todos sus trabajadores que ninguno se va a quedar atrás por falta de formación, pero afirma que los valores clave de la compañía son formar y no despedir, y que no los va a cambiar por una crisis. Alguno de ustedes que sabe que esas fábricas que van a formar a tope a sus trabajadores porque no tienen trabajo están en Indiana se preguntarán si Toyota estará haciendo el indio, pero yo que soy mayor les querría recordar que a principios de los años ochenta, tratando de salir de aquella crisis profunda de los setenta en que vimos tasas de interés y de inflación de más del 20 por ciento, y el paro fue elevadísimo, nos dedicamos a estudiar el sistema de Toyota y nos fue muy útil. Con Gerard Piera y José M. ª Ribas hicimos un montón de viajes a Japón a estudiar e incluso tradujimos ellibro El sistema de producción de Toyota publicado en 1983 y del que veo en mi despacho un ejemplar de la cuarta edición en castellano porque la gente se lo tomó muy en serio. Claro que esto requiere un concepto de empresa, un enfoque de gestión y trabajadores de verdad. Pero estos trabajadores (que en Toyota no están sindicados) los produce la propia empresa formándolos.
Bien, a los de Toyota no les ha quedado más remedio que reducir la producción de estos modelos y para ello van a parar dos fábricas durante tres meses, lo que afectará a 4.500 trabajadores. Estados Unidos está pensado para resolver los problemas con rapidez y, en estos casos, lo que hacen los empresarios, sobre todo los del automóvil, es despedir a un montón de gente, no pagarles durante el periodo que dure la crisis o aplicarles una reducción muy importante del salario durante dicho periodo. Pero Toyota ha decidido no despedir a nadie, seguir pagando el sueldo íntegro a todos y dedicar ese periodo a formarlos con la idea de que después de la crisis sean los trabajadores más productivos del mundo. Pero hete aquí que esto ha preocupado a los trabajadores de Toyota de otras fábricas norteamericanas que están yendo a tope. Temen quedarse atrás en materia de formación con respecto a sus colegas y ser menos productivos en el futuro. Dicen que si el día de mañana son menos productivos, la dirección les asignará menos modelos nuevos, o menos modelos difíciles y sus fábricas crecerán menos y se quedarán tecnológicamente atrasadas. ¿No se están pellizcando? Toyota está estudiando ahora cómo asegurar a todos sus trabajadores que ninguno se va a quedar atrás por falta de formación, pero afirma que los valores clave de la compañía son formar y no despedir, y que no los va a cambiar por una crisis. Alguno de ustedes que sabe que esas fábricas que van a formar a tope a sus trabajadores porque no tienen trabajo están en Indiana se preguntarán si Toyota estará haciendo el indio, pero yo que soy mayor les querría recordar que a principios de los años ochenta, tratando de salir de aquella crisis profunda de los setenta en que vimos tasas de interés y de inflación de más del 20 por ciento, y el paro fue elevadísimo, nos dedicamos a estudiar el sistema de Toyota y nos fue muy útil. Con Gerard Piera y José M. ª Ribas hicimos un montón de viajes a Japón a estudiar e incluso tradujimos ellibro El sistema de producción de Toyota publicado en 1983 y del que veo en mi despacho un ejemplar de la cuarta edición en castellano porque la gente se lo tomó muy en serio. Claro que esto requiere un concepto de empresa, un enfoque de gestión y trabajadores de verdad. Pero estos trabajadores (que en Toyota no están sindicados) los produce la propia empresa formándolos.
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7/9/08
Leyendo por Pedro Nueno
Coincidí en el aeropuerto de Londres, Heathrow, con un periodista, antiguo conocido mío de un prestigioso diario europeo. Me preguntó cómo veía yo la crisis. Le dije que no la veía tan mal como la mayoría de sus colegas de la prensa. Entre que el inglés es un idioma escueto y que quizás se lo dije bruscamente, se quedó un poco cortado. Me disculpé y le expliqué que, en realidad, no todos eran así. Que, por ejemplo, esta semana el Financial Times había reconocido que Carrefour iba bien y que el grupo Gucci y Hermès habían dado buenos beneficios, superiores a los esperados. Que The Wall Street Journal había confesado que L´Oréal había incrementado su beneficio un 6,6% en la primera mitad del año (comparado con el año anterior) y que Tiffany había doblado su beneficio en el segundo trimestre y anunciaba para el 2008 resultados mejores que los previstos. Que The Independent aceptaba que las grandes empresas británicas iban a generar más fondos que los previstos (en su conjunto). Le comenté que algún medio español concedía que El Corte Inglés está sorteando la crisis razonablemente bien, que Argentina devuelve su deuda, que el Deutsche Bank España gana un 20% más...
Me salí como pude dándole una relación de buenas noticias encontradas en rincones de la prensa nacional e internacional de esta semana. Sonrió y me dijo: "Hay muchos periódicos que tienen problemas y esto crea mucha tensión". No se me había ocurrido. ¿Qué haría yo si tuviese que hacer el telediario sabiendo que cada día me miraba menos gente y que mis jefes estaban planteándose quitar a uno de los dos presentadores? Me interesaría más anunciar la caída de un avión que una subida del Ibex 35.
La realidad es que hay empresas que van bien, gente que tiene dinero y está agazapada para saltar en cuanto le parezca que algo es una oportunidad y empresarios que inician proyectos nuevos en España y en el mundo. Y los hay hasta en los sectores más tocados. Y como hay empresas que van bien (desde el consumo de 3 por el precio de 2, hasta las grandes marcas de uno por el precio de tres) nadie debe aceptar como razón para unos resultados flojos lo de "es que hay crisis", dando a entender que no se puede hacer nada.
Tampoco resolveríamos el problema echándole la culpa al gobierno. Ya sé que nosotros no lo hacemos, pero no se pueden imaginar cómo ponen mis amigos de Londres a su Gordon Brown. Es como si hubiese montado él solo la crisis global, y viéndole se nota que es incapaz de montar una crisis. Los ingleses dicen que Gordon Brown debería acelerar la construcción de las infraestructuras que están bien identificadas y que hacen falta; estimular a los empresarios con incentivos para la creación de nuevas empresas, la innovación, las adquisiciones y la racionalización; hacer más para atraer inversión extranjera (sobre todo de indios y chinos), poner a los bancos en fila, recordándoles que ellos tienen la culpa de lo que pasa (los bancos británicos, claro) y animarles a trabajar duro; incentivar la compra de pisos (ya lo va a hacer), y reducir la burocracia para ahorrar gastos y facilitar las decisiones empresariales. Menos mal que nosotros no tenemos que preocuparnos de estas cosas.
Me salí como pude dándole una relación de buenas noticias encontradas en rincones de la prensa nacional e internacional de esta semana. Sonrió y me dijo: "Hay muchos periódicos que tienen problemas y esto crea mucha tensión". No se me había ocurrido. ¿Qué haría yo si tuviese que hacer el telediario sabiendo que cada día me miraba menos gente y que mis jefes estaban planteándose quitar a uno de los dos presentadores? Me interesaría más anunciar la caída de un avión que una subida del Ibex 35.
La realidad es que hay empresas que van bien, gente que tiene dinero y está agazapada para saltar en cuanto le parezca que algo es una oportunidad y empresarios que inician proyectos nuevos en España y en el mundo. Y los hay hasta en los sectores más tocados. Y como hay empresas que van bien (desde el consumo de 3 por el precio de 2, hasta las grandes marcas de uno por el precio de tres) nadie debe aceptar como razón para unos resultados flojos lo de "es que hay crisis", dando a entender que no se puede hacer nada.
Tampoco resolveríamos el problema echándole la culpa al gobierno. Ya sé que nosotros no lo hacemos, pero no se pueden imaginar cómo ponen mis amigos de Londres a su Gordon Brown. Es como si hubiese montado él solo la crisis global, y viéndole se nota que es incapaz de montar una crisis. Los ingleses dicen que Gordon Brown debería acelerar la construcción de las infraestructuras que están bien identificadas y que hacen falta; estimular a los empresarios con incentivos para la creación de nuevas empresas, la innovación, las adquisiciones y la racionalización; hacer más para atraer inversión extranjera (sobre todo de indios y chinos), poner a los bancos en fila, recordándoles que ellos tienen la culpa de lo que pasa (los bancos británicos, claro) y animarles a trabajar duro; incentivar la compra de pisos (ya lo va a hacer), y reducir la burocracia para ahorrar gastos y facilitar las decisiones empresariales. Menos mal que nosotros no tenemos que preocuparnos de estas cosas.
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19/8/08
Contra de LV del Martes 19
Desde Llafranc (Costa Brava), con mi precaria conexión a internet, os quiero hacer llegar la contra de La Vanguardia de Hoy. Es una autentica Joya... y aprovechando este periodo de semivacaciones para mucha gente, espero que os tomeis el tiempo para leerla entera.
La entrevista es a Nassim Taleb, matemático financiero, el cual cuestiona los métodos de predicción.
Titulo: "No calcule probabilidades, prevenga consecuencias"
Dice de el: “Mi origen libanés, levantino me vacuna contra el patrioterismo. No creo en las creencias, pero sí en los ritos: practico, pero no creo. Mi mayor satisfacción es poner en evidencia a quienes creen saber y demostrar lo poco que sabemos todos. Desconfío de los tipos con corbata.”
Entrevista de Lluis Amiguet:
Nadie sabe cuándo llega una crisis económica ni cuándo se va a acabar, pero miles de autocalificados expertos aseguran saberlo. Y suelen llevar corbata... ¡No se fíe de ellos!
Hay expertos que sí aciertan.
El panadero, el zapatero, incluso un buen peluquero, saben de su trabajo, pero un economista o un político, aunque rara vez admite que no sabe qué pasará, sólo acierta una predicción por una casualidad - que él confundirá con su sabiduría-. Esa ignorancia de su ignorancia los convierte en seres peligrosos en la medida en que les hagamos caso.
¿Por qué?
Porque la economía o la sociedad son dominios tan complejos que desafían los límites de nuestro entendimiento. Nuestras mentes son fruto de la bioevolución: están hechas para huir de los leones, no para desentrañar relaciones inextricables de causa-efecto.
Un experto distingue razón de instinto.
Los expertos son como usted y como yo: ven un tiburón en la tele y no se bañan cuando hay menos probabilidades de ser mordido por un tiburón que envenenado por la suegra, pero la imagen del tiburón es mucho más poderosa que la estadística - que yo sí he consultado- de envenenamientos perpetrados por las suegras.
Somos así.
Bin Laden, por ejemplo, mató a más gente después del 11-S que el propio 11-S.
¿. ..?
Por miedo a Bin Laden, murió mucha más gente por coger el coche - mucho más peligroso que el avión- en vez del vuelo que tenían previsto y así murieron en la carretera. Compruebe las estadísticas y verá.
La razón pura no existe.
Damasio ha demostrado con autoridad que la inteligencia también es emoción. Esa emoción interfiere en nuestro juicio y hace muy difícil la predicción económica.
¿Puede especificar?
Ni siquiera aprendemos del pasado: fíjese en las crisis. Creemos que la próxima crisis será como la última y ya no recordamos las anteriores. Así que aprendimos de la crisis del 92, pero ya hemos olvidado la del 87, que sí nos diría algo sobre la actual.
Desde el FMI hasta el Ayuntamiento de Algete hacen previsiones económicas.
Y las revisan cada dos por tres, porque se equivocan. Hemos cogido a niños de un parvulario y
les hemos hecho poner una cruz entre tres predicciones de crecimiento del PIB... ¡Y aciertan más que el FMI!
Ahí le creo.
La creciente complejidad de nuestro sistema económico dificulta cada vez más las previsiones y convierte nuestro mundo en un Extremistán,donde nada sigue una lógica lineal sino que todo son sorpresas.
Por ejemplo.
Las predicciones lineales fracasan igual que las proyecciones de una carrera profesional. Cada vez menos jugadores de fútbol ganan más: hay menos triunfadores, pero lo son en grado superlativo. Hemos pasado de un Mediocristán,donde todo es previsible, a un Extremistán,donde todo son sorpresas. Es el efecto superstar,un mundo donde el ganador se lo lleva todo y punto.
¿Puede dar más ejemplos?
Hasta Von Karajan, un músico correcto se podía ganar la vida como músico local en una ciudad media de un país medio. Von Karajan fue el primer megamúsico porque todos los aparatos de reproducción volvían ociosos a los demás mediocres.
Y el músico de provincias... ¡Al paro!
¿Para qué mantener a un mediocre si puedes comprarte un disco de Karajan?
¿Con las artes plásticas pasa igual?
Los instrumentos de reproducción masiva crearon una elite de genios y acabaron con las honradas medianías y ese proceso se repite en literatura, deporte y el arte: el efecto superestar se acelera. Quien tiene la idea se lleva los derechos de reproducción.
¿Y cómo se llega a ser Karajan?
Desde luego, no se llega sin trabajar, pero tampoco basta con trabajar y tener talento, porque ahora estamos en Extremistán.Necesitas ser muy bueno y lo que yo llamo un cisne negro,un suceso inesperado que te convierta en único. Esa lógica sin lógica se repite también en las ciencias sociales.
¿Y en la bolsa?
Lo más arriesgado es tratar de predecir sin asumir riesgo. En vez de intentar confeccionar una cartera de valores con riesgo mediano - eso funcionaba en Mediocristán-hay que juntar los dos extremos. Ponga el 80 por ciento en lo más seguro que encuentre: letras del Tesoro, por ejemplo, y con el otro 20 tome posiciones arriesgadas y así conseguirá la media segura.
¿Y si insisto en ser Von Karajan?
Trabaje como un poseso, sea muy bueno, y extienda su red esperando que aparezca ese cisne negro y le toque a usted. Y si busca agua y encuentra oro: no se queje. A lo mejor trataba de ser Von Karajan y acabó siendo un gran empresario musical. ¡Disfrútelo!
Y si no logro ni eso...
Sea estoico. Sepa perder y, aunque no llegue a ser Von Karajan, concéntrese en su actitud, afile sus habilidades. No puede controlar la aparición de ese cisne negro en su vida, pero puede estar preparado por si se presenta... ¡Ah! ¡Y vaya a fiestas! Por si acaso.
¿. ..?
Deje siempre abierta una puerta a lo inesperado y a lo mejor por ahí se cuela su cisne.
La entrevista es a Nassim Taleb, matemático financiero, el cual cuestiona los métodos de predicción.
Titulo: "No calcule probabilidades, prevenga consecuencias"
Dice de el: “Mi origen libanés, levantino me vacuna contra el patrioterismo. No creo en las creencias, pero sí en los ritos: practico, pero no creo. Mi mayor satisfacción es poner en evidencia a quienes creen saber y demostrar lo poco que sabemos todos. Desconfío de los tipos con corbata.”
Entrevista de Lluis Amiguet:
Nadie sabe cuándo llega una crisis económica ni cuándo se va a acabar, pero miles de autocalificados expertos aseguran saberlo. Y suelen llevar corbata... ¡No se fíe de ellos!
Hay expertos que sí aciertan.
El panadero, el zapatero, incluso un buen peluquero, saben de su trabajo, pero un economista o un político, aunque rara vez admite que no sabe qué pasará, sólo acierta una predicción por una casualidad - que él confundirá con su sabiduría-. Esa ignorancia de su ignorancia los convierte en seres peligrosos en la medida en que les hagamos caso.
¿Por qué?
Porque la economía o la sociedad son dominios tan complejos que desafían los límites de nuestro entendimiento. Nuestras mentes son fruto de la bioevolución: están hechas para huir de los leones, no para desentrañar relaciones inextricables de causa-efecto.
Un experto distingue razón de instinto.
Los expertos son como usted y como yo: ven un tiburón en la tele y no se bañan cuando hay menos probabilidades de ser mordido por un tiburón que envenenado por la suegra, pero la imagen del tiburón es mucho más poderosa que la estadística - que yo sí he consultado- de envenenamientos perpetrados por las suegras.
Somos así.
Bin Laden, por ejemplo, mató a más gente después del 11-S que el propio 11-S.
¿. ..?
Por miedo a Bin Laden, murió mucha más gente por coger el coche - mucho más peligroso que el avión- en vez del vuelo que tenían previsto y así murieron en la carretera. Compruebe las estadísticas y verá.
La razón pura no existe.
Damasio ha demostrado con autoridad que la inteligencia también es emoción. Esa emoción interfiere en nuestro juicio y hace muy difícil la predicción económica.
¿Puede especificar?
Ni siquiera aprendemos del pasado: fíjese en las crisis. Creemos que la próxima crisis será como la última y ya no recordamos las anteriores. Así que aprendimos de la crisis del 92, pero ya hemos olvidado la del 87, que sí nos diría algo sobre la actual.
Desde el FMI hasta el Ayuntamiento de Algete hacen previsiones económicas.
Y las revisan cada dos por tres, porque se equivocan. Hemos cogido a niños de un parvulario y
les hemos hecho poner una cruz entre tres predicciones de crecimiento del PIB... ¡Y aciertan más que el FMI!
Ahí le creo.
La creciente complejidad de nuestro sistema económico dificulta cada vez más las previsiones y convierte nuestro mundo en un Extremistán,donde nada sigue una lógica lineal sino que todo son sorpresas.
Por ejemplo.
Las predicciones lineales fracasan igual que las proyecciones de una carrera profesional. Cada vez menos jugadores de fútbol ganan más: hay menos triunfadores, pero lo son en grado superlativo. Hemos pasado de un Mediocristán,donde todo es previsible, a un Extremistán,donde todo son sorpresas. Es el efecto superstar,un mundo donde el ganador se lo lleva todo y punto.
¿Puede dar más ejemplos?
Hasta Von Karajan, un músico correcto se podía ganar la vida como músico local en una ciudad media de un país medio. Von Karajan fue el primer megamúsico porque todos los aparatos de reproducción volvían ociosos a los demás mediocres.
Y el músico de provincias... ¡Al paro!
¿Para qué mantener a un mediocre si puedes comprarte un disco de Karajan?
¿Con las artes plásticas pasa igual?
Los instrumentos de reproducción masiva crearon una elite de genios y acabaron con las honradas medianías y ese proceso se repite en literatura, deporte y el arte: el efecto superestar se acelera. Quien tiene la idea se lleva los derechos de reproducción.
¿Y cómo se llega a ser Karajan?
Desde luego, no se llega sin trabajar, pero tampoco basta con trabajar y tener talento, porque ahora estamos en Extremistán.Necesitas ser muy bueno y lo que yo llamo un cisne negro,un suceso inesperado que te convierta en único. Esa lógica sin lógica se repite también en las ciencias sociales.
¿Y en la bolsa?
Lo más arriesgado es tratar de predecir sin asumir riesgo. En vez de intentar confeccionar una cartera de valores con riesgo mediano - eso funcionaba en Mediocristán-hay que juntar los dos extremos. Ponga el 80 por ciento en lo más seguro que encuentre: letras del Tesoro, por ejemplo, y con el otro 20 tome posiciones arriesgadas y así conseguirá la media segura.
¿Y si insisto en ser Von Karajan?
Trabaje como un poseso, sea muy bueno, y extienda su red esperando que aparezca ese cisne negro y le toque a usted. Y si busca agua y encuentra oro: no se queje. A lo mejor trataba de ser Von Karajan y acabó siendo un gran empresario musical. ¡Disfrútelo!
Y si no logro ni eso...
Sea estoico. Sepa perder y, aunque no llegue a ser Von Karajan, concéntrese en su actitud, afile sus habilidades. No puede controlar la aparición de ese cisne negro en su vida, pero puede estar preparado por si se presenta... ¡Ah! ¡Y vaya a fiestas! Por si acaso.
¿. ..?
Deje siempre abierta una puerta a lo inesperado y a lo mejor por ahí se cuela su cisne.
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25/6/08
La contra de La Vanguardia del dia 24
De el dicen que:
David Fernández es un actor cómico y un tipo serio, como los cómicos buenos. Hasta parece un poco triste, pero cuando a veces sonríe entiendes en su mueca que ve el mundo como una broma y que lo mejor es reírse, "si no, me suicidaría". Y crea personajes inspirados en tipos reales pasados por un disolvente cachondeo. Siendo uno de ellos se pasó por un mitin político y gritó: "¡Se lo está inventando!" Es lógico que la película favorita de David sea Vive como quieras (Frank Capra), anarcoide y desparramado cántico al gozo de vivir por vivir en el que encajaría bien Chikilicuatre, esa criatura con la que millones de personas se han entretenido durante cuatro volanderos mesecitos. Qué saludable.
Aqui os pongo la entrevista:
VÍCTOR-M. AMELA -
P: ¿Dónde anda Chikilicuatre?
R: En su pueblo argentino, San Martín de los Andes, en una cabaña, viendo pasar un río.
P: ¿Volverá?
R: Quizá si gasta todo lo que ha ganado con Eurovisión, ja, ja... No, no creo que vuelva.
P: Y usted ¿se ha forrado?
R: He cobrado mi sueldo por mi contrato con El Terrat. Para un actor, trabajar es ya un privilegio, ¡así que no me quejo! ¿Cuánta pasta ha generado Chikilicuatre? Ni idea.
P: ¿Se lo pasó usted bien con él?
R: Sí. Disfruté en Eurovisión y he reído mucho, sobre todo porque me acompañaban siempre Disco y Gráfica.
P: Las bailarinas.
R: Alejandra Jiménez y Silvia Abril, maravillosas actrices, muy animosas y juguetonas: ¡sin su compañía yo no hubiese resistido ese tute, todo el día con aquel pelucón...!
P: "¡Por favor, que esto termine ya!" ¿Lo pensó en algún momento?
R: Sabíamos que el tope era Eurovisión y que luego lo matábamos, así que lo llevé bien.
P: Podría haber seguido con el personaje.
R: Hubo propuestas de bolos, giras, discos... No tengo ganas. La televisión suele exprimir sus creaciones hasta que languidecen: ¡está bien, por una vez, acabar algo en alto! La noche que terminó, Disco, Gráfica y yo lloramos, abrazados, por todo lo vivido.
P: ¿Cómo nació Rodolfo Chikilicuatre?
R: Yo frecuento el bar Montevideo, de Castelldefels, cuyo camarero, César, habla uruguayo muy rápido y no se le entiende nada. Una mañana le dije: "Esta noche crearé un personaje inspirado en ti". Es que esa noche me tocaba ser actor de guardia, lo que consiste en crear un personaje sobre una noticia que Buenafuente lee diez minutos antes...
P: ¿Y cuál fue la noticia esa noche?
R: ¡Un tipo había inventado una guitarra eléctrica con vibrador! Los de vestuario me vistieron con lo primero que encontraron y una peluca, me propusieron empuñar una guitarra de juguete, y así salí, con algo de barba, porque no me había afeitado ese día.
P: ¿Nadie planeó a Chikilicuatre, pues?
R: Qué va. ¡Si quieres hacerlo aposta, no sale! Fue una bolita que fue creciendo: a los pocos días, los guionistas escribieron la canción, que grabamos en un vídeo sin que Buenafuente lo supiera, para darle una sorpresa en directo. Así salió el vídeo del Chiki-chiki.
P: Una sorpresa de enorme éxito...
R: Sí. La explicación que más veces he dado estos cuatro meses ha sido: "¡Es una broma!". Broma que la gente la acogió con buen humor: en cuanto el vídeo se colgó en internet, empezaron a votarlo para Eurovisión.
P: ¿Por qué cree que tanta gente lo votó?
R: Porque Eurovisión se ríe cada año de nosotros y hemos querido reír nosotros un año.
P:¿Eurovisión se ríe de nosotros?
R: Claro: ¡jamás ganaremos, ya que los resultados derivan de acuerdos entre países amigos! Y España no tiene tantos amigos...
P: ¿Cómo vivió aquella gala de TVE en que resultó seleccionado?
R: El desdén del jurado y los silbidos de eurofans presentes me beneficiaron: eso espoleó a que más gente llamase para votarme.
P: Salir elegido, ¿le asustó?
R: No, sólo me sorprendió. ¿Asustarme? ¡Pero si Eurovisión no es nada trascendental!
P: Según algunos diarios, usted enlodó la dignidad nacional.
R: Pensar así me desborda. ¿Qué dignifica a un país y qué no? ¿No es más ridículo tomarse en serio lo que no lo es, acaso? ¡He sido subversivo sin pretenderlo! ¡Qué gracioso!
P: ¿A quien enviaría a Eurovisión?
R: A La Excepción, a Extremoduro...
P: ¿Qué le apetece ahora?
R: Vacaciones en África. ¡Me encanta! Vuelves a las esencias, a la cueva. Pero seguramente me saldrá trabajo, grabaré para una serie...
P: ¿Cuándo volveré a verle en pantalla?
R: Después del verano, en Buenafuente.
P: ¿Qué personajes querría encarnar?
R: Me han gustado todos los que he hecho: el Gilipollas, Reyerta, Zuloaga, el botones, Ahmadineyad, Santi Clima... ¡Lo que me gusta es hacérselo pasar bien a la gente!
P: Pero el drama está más cotizado.
R: No aspiro a hacer drama para ser valorado. Quiero ser valorado por los que lo pasan bien conmigo. Elijo la risa: ¡damos demasiada importancia a todo, y casi nada la tiene!
P: El dinero sí, ¿no?
R: Yo prefiero tener tiempo a tener dinero. Me basta con el dinero que me permita decir no a según qué trabajos. Eso sí da placer.
P: Si le llaman Chikilicuatre, ¿le molesta?
R: Qué va: durante años me han llamado "gilipollas", por el personaje del Gilipollas, y no me molestó. Ahora he subido un peldaño. Ojalá el año que viene me llamen "payaso", una de las palabras más bellas que existen.
P: ¿De dónde le viene esta vena?
R: De mi madre, que siempre ha sido muy payasa. De niño yo llegaba del colegio y parecía que no había nadie en casa, pero ella estaba escondida, ¡y me daba unos sustos...!
P: Ja, ja... ¡Quién iba a decirle a ella que un día su hijo iría a Eurovisión!
R: Me convertiré en pregunta del Trivial: ¡a mí esto es lo único que me ha hecho ilusión!
P: ¿Entendieron la broma allí?
R: Sí. Y otros países nos copiarán, ya lo verá.
P: ¿Y qué dice Uribarri?
R: Muy majete. Una noche le gastamos una broma: Disco, Gráfica y yo colocamos un macetón con una gran planta ante la puerta de su dormitorio. ¡Y por la mañana no podía salir, je, je...! Si lee esto, me las cargo... [+/-] Seguir Leyendo...
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