28/11/08
24/11/08
"Vanitas Vanitatis" por Pilar Rahola
Dicen que la vanidad no es más que el amor propio al descubierto, y si en alguna profesión resulta evidente, es, sin lugar dudas, en la política. ¿Qué haría la política sin el culto al ego, que lleva a muchos políticos a tomar decisiones grandilocuentes, más cercanas a la propia vanidad, que a la necesidad pública? Es cierto que tampoco el arte existiría sin la vanidad, pero la diferencia entre el artista y el político es abismal: el primero crea, el segundo gestiona el dinero público. Es decir, el artista puede permitirse el más patológico de los egocentrismos, porque la creación está por encima de sus miserias. El político, en cambio, si no domina su ego, pasa a ser un peligro público. El truco, pues, está en canalizar adecuadamente ese abultado ego que todo político necesita tener, para agudizar el liderazgo, la autoridad y la capacidad de riesgo.
Eso debía pensar el president Montilla - uno de los políticos menos tocado por la vanidad-cuando decidió que la forma de tener dominado uno de sus flancos más inestables era regalándole el pastelito internacional. Todo el mundo sabe que Josep Lluís Carod-Rovira es un hombre dotado de un amor tan estratosférico por sí mismo que es fácilmente domesticable con un buen cargo y una buena foto. Recuerdo que le comenté eso mismo al propio Montilla, y ríanse ustedes de la enigmática sonrisa de la Mona Lisa… Y así, por arte de equilibrio del tripartito, y porque un vicepresidente lejos siempre resulta menos tocacampanas, Carod asumió "la política internacional" de la autonomía y/ o nacionalidad catalana. Empezó la era gloriosa de las embajadas catalanas con hermanos y amigos incluidos, y así hicimos buena la idea de que tener dos funcionarios para cada cosa - Copca y Can Carod-era mejor que tener uno solo.
Total, sólo pagamos con dinero público unos sueldos de aúpa a gente que no sabemos qué hace, pero que dice que lo hace en nombre nuestro. Muy patriótico.
Lo último de este pastel que Carod se zampa solo ha sido el paseo triunfal por Próximo Oriente, donde la Generalitat ha ido a regalar, dotada de una generosidad extrema, casi un millón de euritos a los palestinos. Dejando aparte el hecho de que el pueblo palestino es el que recibe más dinero del mundo en solidaridad, y nadie sabe qué hace con ese dinero, aunque algunas grandes fortunas palestinas algo deben conocer, ¿tiene sentido que Catalunya, en plena crisis económica, intente competir con decenas de estados fuertes, en la carrera de la ayuda internacional? La misma Generalitat que no podrá cumplir con su programa de ayudas sociales, y que ha dejado colgadas a muchas familias con promesas económicas incumplidas, se mete en el lío de garantizar un millón de euros a Palestina - convertida en "país prioritario en cooperación"-,y todo para que Carod pueda tener una sillita en la UNRWA, dar una charla en Ammán y salir en la foto hablando del plan de paz, como si fuera Condoleezza Rice. El cuarto de hora warholiano, en versión cuatribarrada.
Y, ¿por qué Palestina, como prioridad? ¿Por qué no Congo o Darfur? Al fin y al cabo, los países más ricos del mundo, los del petrodólar, son amiguísimos de sus hermanos palestinos oprimidos, y deben enviar millones de dólares diarios. ¿O no? ¿Tenemos que competir con Emiratos, o con Qatar o con Arabia Saudí? ¿O será que hemos escogido Palestina porque queda más progre, está en la agenda de lo políticamente correcto y, por supuesto, garantiza el viajecito internacional del ínclito vicepresidente? Ya sólo falta que pongan a subasta la remodelación de otra sala de la ONU, para que Carod quiera competir con Moratinos, llame a Miquel Barceló - que es de los PaïsosCatalans-y se gaste otra pasta gansa. Total, si en plena crisis económica, el Gobierno español puede gastarse 20.000 millones de euros para pintar una sala de la ONU, ¿qué no podrá gastarse Carod-Rovira para ponerse tacones y hacer ver que Catalunya es medio Estado, pero no, pero sí, y hablar en algún foro internacional? Y es que más peina un micrófono que un peine, como bien saben los calvos. El problema es que este peine lo pagamos nosotros, y sale muy caro.
Eso debía pensar el president Montilla - uno de los políticos menos tocado por la vanidad-cuando decidió que la forma de tener dominado uno de sus flancos más inestables era regalándole el pastelito internacional. Todo el mundo sabe que Josep Lluís Carod-Rovira es un hombre dotado de un amor tan estratosférico por sí mismo que es fácilmente domesticable con un buen cargo y una buena foto. Recuerdo que le comenté eso mismo al propio Montilla, y ríanse ustedes de la enigmática sonrisa de la Mona Lisa… Y así, por arte de equilibrio del tripartito, y porque un vicepresidente lejos siempre resulta menos tocacampanas, Carod asumió "la política internacional" de la autonomía y/ o nacionalidad catalana. Empezó la era gloriosa de las embajadas catalanas con hermanos y amigos incluidos, y así hicimos buena la idea de que tener dos funcionarios para cada cosa - Copca y Can Carod-era mejor que tener uno solo.
Total, sólo pagamos con dinero público unos sueldos de aúpa a gente que no sabemos qué hace, pero que dice que lo hace en nombre nuestro. Muy patriótico.
Lo último de este pastel que Carod se zampa solo ha sido el paseo triunfal por Próximo Oriente, donde la Generalitat ha ido a regalar, dotada de una generosidad extrema, casi un millón de euritos a los palestinos. Dejando aparte el hecho de que el pueblo palestino es el que recibe más dinero del mundo en solidaridad, y nadie sabe qué hace con ese dinero, aunque algunas grandes fortunas palestinas algo deben conocer, ¿tiene sentido que Catalunya, en plena crisis económica, intente competir con decenas de estados fuertes, en la carrera de la ayuda internacional? La misma Generalitat que no podrá cumplir con su programa de ayudas sociales, y que ha dejado colgadas a muchas familias con promesas económicas incumplidas, se mete en el lío de garantizar un millón de euros a Palestina - convertida en "país prioritario en cooperación"-,y todo para que Carod pueda tener una sillita en la UNRWA, dar una charla en Ammán y salir en la foto hablando del plan de paz, como si fuera Condoleezza Rice. El cuarto de hora warholiano, en versión cuatribarrada.
Y, ¿por qué Palestina, como prioridad? ¿Por qué no Congo o Darfur? Al fin y al cabo, los países más ricos del mundo, los del petrodólar, son amiguísimos de sus hermanos palestinos oprimidos, y deben enviar millones de dólares diarios. ¿O no? ¿Tenemos que competir con Emiratos, o con Qatar o con Arabia Saudí? ¿O será que hemos escogido Palestina porque queda más progre, está en la agenda de lo políticamente correcto y, por supuesto, garantiza el viajecito internacional del ínclito vicepresidente? Ya sólo falta que pongan a subasta la remodelación de otra sala de la ONU, para que Carod quiera competir con Moratinos, llame a Miquel Barceló - que es de los PaïsosCatalans-y se gaste otra pasta gansa. Total, si en plena crisis económica, el Gobierno español puede gastarse 20.000 millones de euros para pintar una sala de la ONU, ¿qué no podrá gastarse Carod-Rovira para ponerse tacones y hacer ver que Catalunya es medio Estado, pero no, pero sí, y hablar en algún foro internacional? Y es que más peina un micrófono que un peine, como bien saben los calvos. El problema es que este peine lo pagamos nosotros, y sale muy caro.
23/11/08
"Estafando" por Pedro Nueno
Me invitaron a un desayuno en el Colegio de Ingenieros Industriales de Catalunya. Tenía que proponer ideas para un debate. Acepté, sintiéndome honrado. Me pidieron un título y pensando siempre en el futuro se me ocurrió: "Los ingenieros del futuro". Yendo a China el otro día, con once horas de avión por delante, me dije: "Tendrás que concretar alguna idea". Inmediatamente pensé que el mundo nos ha estafado a los ingenieros. Yo ya he llegado al futuro. Tenía 16 años cuando decidí ser ingeniero. Pero de eso hace 48 años. Para aquel niño que quería ser ingeniero, yo soy un ingeniero del futuro. ¿Qué esperaba de la ingeniería aquel niño? Aquel niño estaba convencido de que si llegaba a los 60 años habría ido un montón de veces a la Luna. Que robots con aspecto humano harían todos los trabajos duros, repetitivos y de poco valor añadido. Ya con la carrera de ingeniero y aparejador acabadas y trabajando de ocho de la mañana a diez de la noche con una ilusión enorme y un sueldo menor, aquel muchacho esperaba que en el futuro los ordenadores gestionarían las empresas, que se iría a cualquier sitio por autopista, que los coches circularían con seguridad a 200 kilómetros por hora, que el tráfico urbano sería fluido porque sensores y ordenadores lo gestionarían.
Unos años más tarde, doctorado por Harvard, aquel joven fue invitado por un profesor de aquella universidad a ayudarle como esclavo en un asesoramiento a una empresa americana comprando una compañía francesa. La velocidad del proceso era importante y había que utilizar el Concorde. Por la mañana, negociación en París, a mediodía con el Concorde a Nueva York y con su velocidad supersónica y la diferencia horaria, llegabas a Nueva York tres horas antes de la hora a la que habías salido de París. Negociando toda la tarde y vuelta a París en un par de horas por la noche para seguir al día siguiente. Aquel joven estaba seguro de que si llegaba a los 60 años iría a Nueva York en 15 minutos y seguía convencido de que podría ir de vacaciones a la Luna. Ya se había encontrado petróleo en el fondo del mar, se hablaba de un túnel supersónico Londres-Nueva York, se preveía que entre la energía solar, la nuclear y lo que saldría del fondo del mar el coste de la energía sería poco importante.
Pero aquel niño, muchacho, joven, llegó a los 60 años y más, se convirtió en ingeniero del futuro y se encuentra con que no le puede decir al ordenador: "Orde, escribe un artículo para el domingo" porque el aparato ni se entera. Que en el tiempo en que iba a Nueva York, hoy no logra ni embarcar en el avión. Que a un matrimonio mayor que se les ve abuelos cariñosos los están torturando unos árabes que controlan la seguridad haciéndoles descalzarse, quitarse las joyas y aguantarse los pantalones con las manos. Que un señor amable, no un robot, recoge a mano las hojas caídas. Que los semáforos van cada uno a la suya. Que en coche cada día debe ir más despacio o, como cuando era niño, le quitan puntos. Que en la calle principal de su ciudad la propuesta de futuro será tranvía y bicicleta, la que siendo niño le explicó su abuelo. Y que nunca irá a la Luna. El ingeniero del futuro se siente estafado. ¿Qué les ofreceremos a los ingenieros del futuro que hoy empiezan a estudiar? O somos un poco ambiciosos o no se va a apuntar nadie.
Unos años más tarde, doctorado por Harvard, aquel joven fue invitado por un profesor de aquella universidad a ayudarle como esclavo en un asesoramiento a una empresa americana comprando una compañía francesa. La velocidad del proceso era importante y había que utilizar el Concorde. Por la mañana, negociación en París, a mediodía con el Concorde a Nueva York y con su velocidad supersónica y la diferencia horaria, llegabas a Nueva York tres horas antes de la hora a la que habías salido de París. Negociando toda la tarde y vuelta a París en un par de horas por la noche para seguir al día siguiente. Aquel joven estaba seguro de que si llegaba a los 60 años iría a Nueva York en 15 minutos y seguía convencido de que podría ir de vacaciones a la Luna. Ya se había encontrado petróleo en el fondo del mar, se hablaba de un túnel supersónico Londres-Nueva York, se preveía que entre la energía solar, la nuclear y lo que saldría del fondo del mar el coste de la energía sería poco importante.
Pero aquel niño, muchacho, joven, llegó a los 60 años y más, se convirtió en ingeniero del futuro y se encuentra con que no le puede decir al ordenador: "Orde, escribe un artículo para el domingo" porque el aparato ni se entera. Que en el tiempo en que iba a Nueva York, hoy no logra ni embarcar en el avión. Que a un matrimonio mayor que se les ve abuelos cariñosos los están torturando unos árabes que controlan la seguridad haciéndoles descalzarse, quitarse las joyas y aguantarse los pantalones con las manos. Que un señor amable, no un robot, recoge a mano las hojas caídas. Que los semáforos van cada uno a la suya. Que en coche cada día debe ir más despacio o, como cuando era niño, le quitan puntos. Que en la calle principal de su ciudad la propuesta de futuro será tranvía y bicicleta, la que siendo niño le explicó su abuelo. Y que nunca irá a la Luna. El ingeniero del futuro se siente estafado. ¿Qué les ofreceremos a los ingenieros del futuro que hoy empiezan a estudiar? O somos un poco ambiciosos o no se va a apuntar nadie.
21/11/08
¿Podria vovler a unirse Blink 182?
Parece que el accidente de Travis ha sido el pistoletazo de salida para que los componentes de la mítica banda de punk se pusieran en contacto. Hace mucho que Mark Hoppus no aparecía en escena y esta vez lo ha hecho con palabras que invitan al optimismo. Mark ha escrito en su página web que Travis, Tom y él se han estado viendo en las últimas semanas. Primero se intercambiaron algunas llamadas, y luego decidieron verse.Para Mark fue un encuentro muy positivo, ya que no se habían encontrado (hablando de Tom Delonge) desde hacía 4 años, y afirma que ha sido algo bonito. El propio bajista se hace la pregunta “esto significa que vuelve Blink?, ni nosotros mismos lo sabemos” ahora lo unico importante es habernos encontrado los tres de nuevo, sentirnos bien, y dejar el pasado en el pasado”.
Personalmente creo que sí tendremos Blink-182 nuevamente entre nosotros. Es algo que tarde o tempranoacabaría pasando, pero puede que el trájico accidente de Travis Barker ayude a que sea antes de lo esperado.
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