20/9/08

"Guía para entender un crash histórico" por Expansión.com

EXPANSIÓN responde las quince cuestiones que debe saber para entender el tsunami financiero, desde su origen hasta su posible solución

1 ¿Dónde está el origen de la crisis?
La banca de EEUU relajó al máximo su política de concesión de préstamos. Llegó un momento en el que concedían hipotecas para comprar viviendas sin hacer preguntas sobre ingresos, ni depositar una entrada. Las hipotecas subprime (de alto riesgo) han existido desde hace décadas, pero nunca se había asumido tanto riesgo de forma tan masiva. Todo funcionó mientras el precio de la vivienda subía, pero el juego terminó en la primavera de 2007 cuando la entidad de EEUU, New Century Financial, declaraba la quiebra. Nacía la primera víctima de una crisis sin precedentes.

2 ¿Cómo se ha convertido una crisis local en algo global?
Los bancos empaquetaron esas hipotecas basura en vehículos que ofrecían elevadas rentabilidades con un riesgo aparentemente bajo, en los que invirtieron inversores de todo el mundo. La ingeniería financiera dio lugar a instrumentos contagiados con estos activos tóxicos, como CDOs, ABS, conduits o sivs, que fueron perdiendo valor en mercado. Por ahora, han provocado ya unas pérdidas en las entidades por importe superiores a los 500.000 millones de dólares.

3 ¿En qué se parece esta crisis a las anteriores?
Esta crisis se parece a las anteriores en que tiene como base un principio erróneo, pero en el que los inversores reinciden con pasmosa regularidad: el de que un determinado activo se va a revalorizar en el futuro de forma permanente. Pasó con los tulipanes del siglo XVII, ocurrió con las acciones en el crack del 29 y en el boom puntocom de finales de los noventa.

4 ¿Por qué han caído bancos de inversión?
Entidades como Lehman Brothers o Bear Stearns llenaron su balance con activos como titulizaciones de hipotecas basura. Estos activos, ahora denominados tóxicos, eran hace un año productos de moda de Wall Street. Al contrario de lo que sucedió en otras crisis, cuando estalló la burbuja inmobiliaria y las titulizaciones comenzaron a depreciarse a marchas forzadas, los bancos tenían su balance repleto de estos activos. Esto provocó que muchas entidades no quisieran prestar dinero a corto plazo a estas firmas, ya que dudaban de su solvencia. Ante la falta de financiación para hacer frente a sus pagos diarios, los bancos han tenido que quebrar.

5 ¿Por qué afecta también al sector seguros?
Algunas aseguradoras, como AIG, también se adentraron en el mundo de las finanzas sofisticadas y contaban, de la misma manera, con grandes cantidades de títulos ligados a hipotecas.

6 Se hundió Bear Stearns en marzo y Lehman y AIG lo hicieron en septiembre, ¿por qué no todos a la vez?
Bear Stearns quebró en marzo, cuando perdió la confianza de los inversores. El banco no llegó a tiempo a la ventana especial de liquidez creada por la Fed. Cuando los inversores se fijaron en Lehman Brothers como la siguiente víctima, esa ventana especial de liquidez ya estaba abierta y el banco pudo sobrevivir a trancas y barrancas. Pero cuando la situación se agravó a principios de septiembre, ni tan siquiera las inyecciones de la Fed pudieron salvar al banco, a quien sus contrapartidas habituales le habían cerrado el grifo.

7 ¿Por qué se ha dejado quebrar a Lehman Brothers y no a otros?
La Fed pensó que las consecuencias de dejar caer a un banco como Bear Stearns provocaría un efecto devastador en el sistema financiero, por los compromisos que tenían muchas entidades con éste. Pero la Fed insistió en que lo de Bear Stearns era un caso puntual que no se volvería a repetir. Con Lehman Brothers, la institución monetaria no quiso arriesgarse a convertir en norma el rescate puntual de Bear Stearns. Después llegó la aseguradora AIG que, no sólo es más grande que Lehman, sino que ha asegurado a muchos otros bancos contra los impagos sobre los activos que poseen, además de pólizas de seguros a millones de estadounidenses. Así, el colapso de AIG podría haber originado pérdidas incalculables tanto en bancos como en los ciudadanos de a pie.

8 ¿Quién tiene la culpa?
Se ha culpado a Alan Greenspan, presidente de la Fed entre 1987 y 2006, por mantener los tipos en el 1% durante demasiado tiempo en medio de políticas fiscales expansivas. Pero, por mucho que los tipos estuvieran tan bajos, el principal responsable de haber prestado dinero de forma sistemática a aquellos que no podían pagar fueron los banqueros y brókeres que concedieron esas hipotecas. Luego está la responsabilidad de las agencias, que pusieron rátings triple A a productos que luego se ha demostrado que no eran merecedores de ello. Y, por último, aquellas entidades de todo el mundo, bancos y fondos, que invirtieron en productos complejos vinculados a hipotecas basura, bien sin entenderlo, bien sin estudiar con detenimiento qué compraban.

9 ¿Actuaron tarde las autoridades?
Las autoridades podrían haber tomado en septiembre pasado las mismas medidas que han adoptado ahora. Pero entonces, pocos tenían tan claro el alcance de la crisis, y muchos habrían criticado que el Gobierno pudiera rescatar con dinero público entidades privadas. Hoy sí se sabe el alcance de la crisis y que el sistema financiero está en situación grave, por lo que es más digerible el uso de fondos públicos.

10 ¿Por qué en España no hay subprime?
España también ha vivido su particular boom inmobiliario con crecimientos de dos dígitos en el saldo vivo de créditos hipotecarios. Sin embargo, la política de concesión de préstamos asumida por la banca no ha sido tan laxa. Además, el Banco de España prohibió la inversión en vehículos que se mantuvieran fuera de balance, que es precisamente la forma que tomó la diseminación de productos subprime.

11 ¿Cómo le afecta a usted ?
El euribor, el tipo de interés al que se referencian la mayor parte de las hipotecas en España, se ha disparado. Al margen de la subida de tipos del BCE, del 4% al 4,25%, el principal motivo ha sido la desconfianza existente entre los propios bancos, ya que el euribor es el tipo de interés al que las entidades se prestan entre sí.

12 ¿Y a la banca española?
La creciente aversión al riesgo de los inversores ha dificultado a la banca la emisión de deuda a unos precios asequibles, mientras apremian los vencimientos de bonos a los que tienen que hacer frente. Esto ha obligado a recrudecer todavía más la guerra para captar pasivo, con ofertas de depósitos agresivas, o concentrar la financiación a plazos más cortos, como las subastas de liquidez del BCE. En definitiva, se encarecen unos costes de financiación que podrían tener impacto en las cuentas de la banca.

13 ¿Quebrará algún banco o caja español?
Los bancos españoles cuentan con un colchón de provisiones importante, pero la mora sube con velocidad, y lo más probable es que lo siga haciendo en los próximos trimestres. Pero si algún banco o caja entra en problemas, lo más probable es que el Gobierno invite a una entidad saneada a hacerse con ella.

14 ¿Quién tiene la solución?
La solución llegará cuando se estabilice el mercado inmobiliario estadounidense. Entonces, cuando los precios de la vivienda hayan tocado fondo, será posible contabilizar el valor real de las titulizaciones hipotecarias. Con ello, el mercado de titulizaciones debería reactivarse, los bancos se desharían de los títulos -con pérdidas, probablemente- y deberían buscar financiación para tapar el agujero creado en sus balances. Entonces, la actividad crediticia se reanudaría con normalidad. La propuesta del Tesoro de EEUU anunciada ayer para comprar deuda morosa a los bancos pretende conseguir eso mismo pero por la vía rápida.

15 ¿Cuánto puede durar?
Nadie se atreve a dar una fecha para el fin de esta crisis porque todas las previsiones han resultado ser fallidas. No obstante, cuanto más duren las amenazas bancarias, mayor será el daño para la economía real y, a medida que más instituciones financieras entren en crisis, la liquidación de sus activos a unos precios irrisorios arrastrará a la baja los de otras entidades y, por lo tanto, generarán nuevas pérdidas

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Comenta! ¡No te cortes!